En la ciudad de Santa Cruz existe el Instituto Oncológico del oriente Boliviano. Este hospital, desde que pasó a depender de la Alcaldía de dicha ciudad, se encuentra fuera de la Caja Nacional de Salud (equivalente a nuestra Seguridad Social) que sólo cubre a las personas que cuenta con un trabajo estable y un contrato que les proporciona un seguro médico. De esta forma, al Instituto Oncológico del Oriente Boliviano (IOOB) acuden aquellas personas que al no poseer trabajo tienen menos recursos económicos. A esta circunstancia se suma el hecho de que los fondos asignados por la Alcaldía sólo cubren el mantenimiento de la infraestructura del hospital quedando el resto de posibles gastos, como los medicamentos, transfusiones, análisis, hospitalización...a cargo del enfermo.
En esta situación en 1998 se inicia el trabajo en el Servicio de Pediatría del IOOB atendiendo a los niños de la zona que, con la sospecha o el diagnóstico dfe cáncer, se acercaban al Hospital.
Estos niños provienen de los departamentos de Beni, Pando, Tarija y del propio Santa Cruz. Por lo general,son familias muy pobres, algunas en la indigencia, sin recursos culturales, de procedencia campesina y con un bajo nivel de educación.
El diagnóstico y pronóstico de la enfermedad significan para ellos un verdadero shock emocional al que hay que sumar la imposibilidad de obtener los recursos económicos que hacen falta para tratar a los niños (fundamentalmente el costo de la quimioterapia necesaria para la curación del paciente). No es de extrañar que en estas circunstancias algunas familias abandonen el tratamiento después de agotar sus recursos, materiales y emocionales, y vuelvan a sus domicilios, en ocasiones muy alejados del Hospital, con el consiguiente riesgo para la curación del niño.
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| Fachada de Emergencias del Hospital Oncológico de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) |
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El espacio es tan escaso que el número de personas (y cosas, ya que los padres guardan sus pertenencias debajo de la cama de los niños) que se acumulan en las habitaciones hace inevitable que las infecciones sean la regla.
A lo ya comentado habría que añadir algunas otras carencias que ayudan a comprender mejor lo difícil que resulta intentar tratar correctamente a los niños que llegan al Hospital. Así, y además de no existir fondos para la adquisición de la medicación contra el cáncer, ni de aquella suplementaria que pudiera hacer falta, como los antibióticos, no existía un oncólogo pediatra de guardia; el "transfunsionista" sólo trabaja de 07:00 a 13:00 horas, con el riesgo que esto conlleva si se produce una hemorragia pasada esta hora. No existe, tampoco, una sala para terapia de intensificación (similar al transplante de médula ósea) y el espacio físico destinado al Servicio de Pediatría sólo dispone de dos salas, cercanas a las habitaciones de adultos, en las que se "apiñan" 5 camas y 7 cunas. Por último, habría que resaltar que la falta de equipamiento es tan drámatica como la falta de espacio físico.
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