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Llevábamos tanto tiempo esperando… Cada vez que poníamos una fecha para salir de paseo, llovía. Además, como este año ha sido de lluvias, llovía torrencialmente durante varios días. No había forma de esperar que saliera el sol al mediodía.
Ya se ha terminado la época de lluvias y es más fácil encontrar el día aunque, ahora, el peligro es el Sur. De hecho, el día de nuestro paseo soplaba viento del sur pero hacía sol. Podíamos salir.
Quedamos en reunirnos a las 8 de la mañana en el Oncológico. Como siempre, era una incógnita el sa ber cuantos nos íbamos a encontrar. El micro llegó puntual. Tuvimos que esperar a los tres niños que estaban internados, los más cercanos, porque estaban durmiendo.
El lugar escogido, nos cuesta mucho encontrar un lugar, un balneario (piscina) donde nos dieran de comer y tuviéramos espacio para jugar al fútbol y otros juegos que se nos ocurrieran. Encontramos “Villa Rosita”, a 5 Km de la ciudad. Lugar cercano para que a los niños no se les haga pesado el tiempo en el micro.
Al poco tiempo de llegar, aparecieron dos familias que se habían quedado por llegar tarde a la cita. Hay que decir que la cita era a las 8 y salimos a las 9,15.En total, 48 personas entre niños y mamás. No ha ido ni un solo papá. Dos de los niños iban en silla de ruedas pero querían pasear.
La atracción mayor era la piscina pero imposible poderse bañar. El viento que hacía era frío aunque el sol relucía como sólo lo hace en estos días.
Al poco tiempo de llegar, fuimos acogidos por la encargada de una manera cariñosa y atenta, nos sirvieron un bocadillo con un refresco. Jugamos a todo y los más pequeños se aprovecharon de los columpios. Hubo un rato largo que las mamás jugaban con sus hijos. Los niños, gozaban.
Además se jugó al fútbol, al pañuelo y otros juegos de grupo.
Almorzamos a la 1. Este tiempo es aprovechado para reír, hablar, estar más cerca de los que, en otras circunstancias estás más lejos por miles de motivos.Cuando terminábamos de almorzar, llegó la Dra. Estella. Los niños corrieron a recibirla. No tardó nada en organizar un partido de fútbol entre madres e hijos.
Nos sirvieron una empanada de queso y, antes de terminar había llegado el micro.
Volvimos descansados, con mejor color y con ganas de volver a programar otro paseo. Tenemos uno pendiente en el que las mamás van a preparar un churrasco pero hay que encontrar el lugar adecuado. |
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Santa. Cruz, 10 de Octubre de 2006
Queridos amigos del Directorio Afanic-España:
De vez en cuando es bueno que os cuente, directamente, cómo estamos y, lo más importante, cómo están los niños y sus familias.
Sabéis que estamos haciendo reuniones semanales con los papás y mamás y salidas trimestrales a pasar un día en el campo.
En las reuniones tratamos temas variados, de formación pero, lo que es mejor, brindan un espacio para que las mamás - numerosas - y los papás - menos - puedan expresar sus miedos, inquietudes, expectativas. La comunicación es desde lo hondo y desde el dolor compartido. El ambiente que se crea es de amistad.
Los días siguientes a la reunión se perciben unos lazos, entre ellos y con nosotras, más cercanos y solidarios. Los días después del paseo, son de confianza, de un trato más espontáneo, de una comunicación de la experiencia del paseo sin parar.
Una vez al mes, un jueves por la tarde, tenemos lo que llamamos "tarde lúdica": bailamos, hacemos juegos en grupos, nos reímos mucho. Sólo con los papás y las mamás de los niños internados. Mientras, estos, están en la escuelita.
El pasado día 7 hemos salido todo el día. No hemos ido muchos - 30 en total - pero lo pasamos muy bien.
Un papá de un niño que no podía ir - estaba con quimio - cuando le dijimos que él podía ir si quería, desapareció. Yo anduve buscándolo pero no lo encontré hasta llegar al micro donde estaba sentado esperando. Tenía cara de felicidad. Lo pasó muy bien: comió mucho - esto me mostró a mí el hambre que pasan al no tener dinero para comprar la comida cada día -, jugó al fútbol y durmió bajo un árbol durante una hora. Vivió en el puro campo, su medio, y jugó a lo que juegan cada día después de la jornada de trabajo. Es un campesino de "tarjeta postal"
Además, es tan bonito observar a los niños. Un grupo de 5 niños-as entre 5 y 8 años fueron creciendo en la relación hasta llegar a estar solos, lejos de los adultos, jugando, hablando, agarrados de la mano. Me hubiera gustado acercarme pero, sabía que si lo hacía se rompería el encanto.
Todo lo que es relación con los niños y sus papás es gratificante. No es que busquemos gratificación, ¡la encontramos!. Son agradecidos y cariñosos, en los pequeños detalles de la vida y procuramos cuidarlos para que la vida permanezca.
Nos acompañaron, a Yenny y a mí, dos voluntarias estudiantes de psicología que organizaron juegos divertidos para los papás. Se ríen mucho, se relajan, vuelven de otra manera: recuerdan que hay otro mundo fuera del hospital y que la vida sigue.
Os agradezco que hagáis posible esto y que me deis la oportunidad de poder trabajar en un espacio donde dar vida resulta sencillo ante tanta muerte alrededor. Además, me ayuda tanto en mi vida.
Podría contar mil detalles bonitos que percibo en expresiones de las mamás: "Qué haría sin ustedes", "usted - dirigido a mí - tiene muchos hijos que son los nuestros y, a veces, también es mamá de las mamás., "nos acompañan y nos escuchan".... Tantas cosas.
Después de comer, el día del paseo, dimos gracias a Dios "por todos los que hacen posible que lo pasemos tan bien"
¡¡¡GRACIAS!!!
Mercedes |
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Habíamos preparado la salida del sábado, 8 de Julio, el equipo AFANIC: Carmen, Yenny y Mercedes. Pablo colaboró con algunas compras.
Nos reunimos a las 8 de la mañana en la puerta del Hospital. Tardamos una hora en estar todos. Conseguimos que vinieran con nosotros, cuatro niños de los que estaban internados. Les acompañó una enfermera para que pudieran seguir con el tratamiento. Los que se quedaron, lo hicieron con mucho pesar.
En el bus pequeño para los que íbamos, la preferencia de asientos, en este caso la tuvieron los niños. Es bonito ver a todos los papás cuidando a todos los niños: "el pie de Juan Pablo". Salomé está saliendo de la cama. Tiene que sentarse". Se confunden los padres de todos los hijos con los hijos de todos los padres.
Íbamos a Villa-Marista, una casa de campo cerca de la ciudad - es una ventaja porque el bus no cansa - con campos deportivos y con posibilidad de que nos hicieran la comida. Llegamos rápido.
Iniciamos el encuentro con unas palabras - breves - de recuerdo hacia aquellas personas que hacen posible este tipo de acontecimiento y, de deseo que el día fuese lindo para todos.
Jugamos mucho. Al fútbol, a correr, a la carretilla. Las mamás eran protagonistas de caídas aparatosas pero divertidas que hacían reír a todos.
Los más pequeños jugaban a su estilo. Los más pequeños todavía, estaban en brazos de sus mamás o de cualquier adulto que les alzara. Estaban alegres. Alguno de los más pequeños jugaron tanto con la tierra que lograron cambiar el color del pantalón.
En el almuerzo compartimos comida, algarabía y la presencia de unos y otros. Fue bonito.
En la tarde, bailamos. Se vio quienes eran los más capaces de hacerlo: chacareras, música moderna. Otros grupos jugaban a diversas cosas.Antes de volver, comimos una rica empanada de queso recién hecha que nos dio fuerzas para el regreso. No teníamos ganas de volver.
Entre las cosas que hemos oído a las mamás sobre ese día:
"Se me olvidó hasta que había dejado a mi otro hijo en casa de la vecina"
"Hemos compartido todo"
"Despejé la mente, al menos por un día"
"Los niños han estado alegres. No han llorado"
Uno de los chicos más grandes ha manifestado agradecimiento porque "gracias a ustedes, muchos de nosotros estamos llevando una vida normal" El paseo ha sido muy pero que muy bonito: bailamos, reímos muchísimo. Hubo mucha alegría.
La enfermera, "Si hubieran estado en el Hospital, habrían vomitado todos. Aquí hasta de eso se han olvidado"
Hemos participado 23 adultos y 27 niños. ¡GRACIAS ! |
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